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Entre la ópera y la tarantella: la tradición musical de Nápoles

Nápoles es una ciudad de contrastes. Su pueblo es fervorosamente religioso a la vez que mantiene supersticiones paganas, como el mal de ojo o el uso de la smorfia─un manual de interpretación del significado simbólico de los números─; en ella se pueden encontrar barrios de lo más humilde y popular, como los Quartieri Spagnoli, o muy burgueses, como el Vomero. Este contraste está presente también en las diferentes formas de arte de la ciudad, especialmente en la música. En Nápoles está el Teatro de San Carlos, el teatro de ópera más antiguo del mundo, y tiene una larga tradición de óperas del período Barroco; por otro lado, la música popular de Nápoles es el reflejo de la identidad de su pueblo.

La música popular napolitana tiene un amplio repertorio de canciones, baladas y danzas que siguen vivas a día de hoy porque transmiten emociones que son válidas para todas las épocas, y porque muchos intelectuales les han concedido categoría artística. Tiene dos características principales: el anonimato y la dimensión coral, esto es, incorpora melodías, gestos y colores que forman parte de una cultura popular compartida por todos.

En el caso de las danzas tradicionales, en Nápoles existen varios tipos, como la Danza de los Turcos─que se representa en Carnaval, en la que los intérpretes se visten de turcos y representan una pantomima al son del tambor─, pero la danza oficial de la ciudad es la tarantella. Consiste en una pareja que baila imitando los galanteos de los enamorados, acompañada por un grupo de bailarinas. La música es interpretada habitualmente por guitarras y panderetas, y se marca el ritmo con unas castañuelas.

Pareja bailando una tarantella / Dominio público
Bailando una tarantella / Wikipedia Commons

En cuanto a su origen, una de las creencias que existen es que fue creada por las gracias para seducir a Ulises después de que escapara del canto de las sirenas; otra, más extendida, es que nació en Tarento, y que su historia está muy unida a la de la tarántula, un tipo de araña común en la región mediterránea. En la Edad Media, se creía que bailar esta danza imitando los movimientos que se harían para intentar espantar a las tarántulas curaba de una locura que era supuestamente transmitida por estos arácnidos. Algunas de las tarantellas más conocidas son «Funiculì-funiculà» (1880, Luigi Denza y Peppino Turco), la «Tarantella Napolitana» o «All’ uso nostro».

«Tarantella Lucana», interpretada por italian Village Music and Dance / Free Music Archive

A parte de esta tradicional danza, otra cosa que define la ciudad de Nápoles y su región es la canción napolitana. Son composiciones generalmente en idioma napolitano, para voz masculina solista y acompañamiento instrumental. Las letras tratan habitualmente sobre temas amorosos o el paisaje del sur de Italia. Este tipo de composición nació el 1830 en un concurso que se celebró durante la Festa de Piedigrotta, dedicada a la Virgen de Piedigrotta, muy popular en el barrio de Mergellina. La canción ganadora fue «Te voglio bene assaje», de Raffaele Sacco, y tuvo mucho éxito. El auge del festival duró hasta 1950, cuando se sustituyó por el Festival de Nápoles, que se acabó abandonando también en la década de 1970.

Enrico Caruso / Dominio público
Enrico Caruso / Wikipedia Commons

El éxito de la canción napolitana se debe en gran parte al interés que varios intérpretes han demostrado hacia este, como Enrico Caruso, un importante tenor napolitano que incorporó muchas canciones napolitanas en su repertorio. Además de él, muchos otros cantantes de ópera─Luciano Pavarotti o Plácido Domingo entre ellos─han contribuido a mantener vivo este repertorio. Entre las canciones más conocidas internacionalmente se encuentran «Santa Lucía» (1849), «O sole mio» (1898), «Funiculì-funiculà» (1880) o «Torna a Surriento» (1902).

        «Santa Lucía», interpretada por Luciano Pavarotti

Tanto las danzas como las canciones tradicionales napolitanas tienen una instrumentación característica, que además de instrumentos más comunes como el tambor y la guitarra se compone de otros más propios de la región y de este tipo de melodías. El más destacado es la mandolina, parecida a una guitarra pero más pequeña, con la caja cóncava y de forma oval, de mástil corto y cuerdas dobles, normalmente cuatro o seis pares, que se tocan con púa. Además, se utiliza también el scetavaiasse, formado por dos palos de madera, uno de los cuales tiene platos de lata que al frotarse emiten un sonido estridente, y las nacchere, unas castañuelas más pequeñas que las españolas, entre otros.

Mandolina / Google Imágenes
Mandolina /Wikipedia Commons

En cuanto a la ópera, se introdujo en Nápoles en el siglo XVII, cuando esta ciudad estaba siendo gobernada por los virreyes españoles. En efecto, fue el virrey Oñate quien acogió en su corte a la compañía I Febi Armonici entre 1651 y 1652. Esta compañía, procedente de Venecia, ofreció en Nápoles temporadas de ópera en el teatro San Bartolomeo. De esta manera, este género musical empezó a darse a conocer en el lugar. Con el tiempo, algunos empresarios napolitanos relacionados con el negocio de la ópera se dieron cuenta de que, si bien la ópera era un género serio y se apreciaba, faltaba un componente que apelara más a la vida cotidiana del pueblo. Por esta razón nació la ópera bufa, obras cuya temática se alejaba de temas como la mitología y la historia antigua de Grecia y Roma, para dar paso temas más cercanos al pueblo y sus rutinas.

En 1733, el intermezzo cómico «La serva padrona» del compositor Giovanni Batista Pergolesi se representó en medio de su ópera seria «Il prigionero superbo». Al principio no fue fácil introducir elementos cómicos en las representaciones, porque el público no estaba acostumbrado a ellos, pero acabaron por ganarse una gran aceptación, cosa que les abrió camino para instaurarse en la sociedad napolitana. Así, la ópera bufa permitió que los intermezzi fueran vistos como un momento para cambiar la rigidez de las composiciones por obras más sencillas y cercanas al público. Además de Pergolesi, otros compositores como Baldassare Galupi y Alessandro Scarlatti como representantes mayores de este género.

Doctor Balnardus y Pandolfo, personajes de una ópera bufa / Dominio público
Dr. Balnardus y Pandolfo, personajes de una ópera bufa / Wikipedia Commons

Los cantantes que participaban en estas intervenciones no eran castrati─cantantes que desde niños eran sometidos a un proceso de castración para evitar que su voz perdiera el tono agudo─, tenores ni sopranos. Aquí solían participar los bajos y barítonos, quienes muchas veces no eran aceptados en las óperas serias. Además, actuaban sopranos y tenores de menor nivel. La representación se hacía en lengua napolitana, para facilitar la comprensión del público. Los temas tratados solían estar relacionados con la ridiculización de personajes públicos o hablar de temas críticos de interés público (moda, costumbres, política, economía, etc).

Dada la importancia de la ópera como género musical, en Nápoles está el teatro de ópera activo más antiguo del mundo: el Teatro de San Carlo. Su historia comienza en 1737 cuando Carlos III de España, rey de Nápoles y Sicilia, decidió sustituir el teatro San Bartolomeo. El nuevo teatro fue inaugurado el 4 de noviembre de 1737 y sus dimensiones y estructura han servido de modelo para otros teatros en Europa. La primera obra que se presentó fue «Achille in Sciro» (música de Domenico Sarro y libreto de Pietro Metastasio). Desafortunadamente, en 1816 el teatro se incendió y el rey Fernando I tuvo que encargar al arquitecto Antonio Niccolini su reconstrucción.

                                                                                                                  «Achille in Sciro», acto I.                                          

Varios compositores importantes han trabajado en este teatro, pero cabe destacar la presencia en él de Giuseppe Verdi─autor de obras internacionalmente conocidas como «La Traviata» o «Aida»─quien se consolidó como dominador de este teatro en la segunda mitad del siglo XIX por sus obras «Alzira» y «Luisa Miller». En años más recientes, el teatro ha tenido una intensa actividad basada en la recuperación de óperas bufas de compositores como Giovanni Battista Pergolesi, Nicolò Jomelli y Giovanni Paisiello. De hecho, el 4 y 5 de noviembre de este año se presentará la obra con la que se inauguró el teatro, «Achille in Sciro», en homenaje al rey Carlos III de Borbón. Será la ocasión para rememorar el inicio de un lugar que se mantiene en el tiempo y sigue siendo referencia para todos aquellos interesados en la ópera.

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