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¿De dónde vienen los vampiros? La verdadera historia de un conde falso

El personaje del Conde Drácula es tan famoso que si preguntamos a cualquier persona en la calle si sabe quién es el Conde Drácula, el 95% responderían que sí, que “es un vampiro que vivía en Transilvania y bebía la sangre de jóvenes vírgenes”. Pero no todos saben quién era el auténtico del Conde Drácula y por qué hasta hace pocos años los ciudadanos de Rumanía no querían hablar mucho de él.

1 Vlad Tepes
Vlad III / Wikipedia Commons

La historia del verdadero Conde Drácula es la de Vlad III, más conocido como Vlad el Empalador (en rumano Vlad Tepes), y empezó en 1431. Vlad Tepes nació en Sighisoara, una ciudad en la antigua región de Transilvania. Pasó su niñez y su juventud en tres mundos diferentes que, indudablemente, influyeron en su personalidad: su niñez en Sighisoara, Transilvania; luego Valaquia, donde pasó sus mejores años y, finalmente, en el Imperio Otomano, en Anatolia y Adrianópolis, donde vivió hasta 1447. En 1444, cuando tenía catorce años, Vlad Dracula acudió a la capital del mundo otomano en Asia Central, a Adrianópolis. Esta sociedad era inmensamente distinta a la de Transilvania: la manera de vestirse, la lengua, la religión, las costumbres, todo era ajeno para él. Debido a esto, muchos investigadores apuntan que Drácula, encontrándose en Turquía entre 1444 y 1448, había sufrido una conmoción psicológica que le había dejado huellas en su personalidad.

Casa Drácula
Casa de Drácula en Sighisoara / Svetlana Stolyarova

Durante su vida, Vlad firmaba sus documentos en latín como Wladislaus Dragwlya, vaivoda partium Transalpinarum (1475); su patronímico rumano Dragwlya es un diminutivo del epíteto Dracul, heredado de su padre Vlad Dracul. Éste adoptó el nombre al ser admitido en la Orden del Dragón de Segismundo de Luxemburgo – rey de Hungría – en 1431. Hoy en día, la palabra drac ha adquirido en rumano moderno la connotación de “demonio”, lo que ha llevado a malinterpretar el apodo de Vlad como “demoníaco”. 

Sighishoara
Sighisoara / Svetlana Stolyarova

El principado de Vlad III empezó en 1456 y terminó en 1462. La primera parte del reinado estuvo dominada por la idea de eliminar amenazas a su poder, especialmente las de grupos de nobles como los boyardos. Esto se consiguió mediante asesinatos, pero también reduciendo el rol económico de la nobleza: las posiciones más importantes en el Concilio de Príncipes, que iban normalmente a los boyardos más poderosos, fueron dadas a individuos desconocidos, algunos de origen extranjero, pero leales a Vlad.

Cabe añadir que Vlad fue despiadado en las ciudades donde no lo aceptaban: se realizaban ejecuciones por empalamiento de hombres, mujeres y niños, como en los casos de la ciudad transilvana de Kronstadt (Brașov) y Hermannstadt (Sibiu), ambas habitadas por colonos alemanes que se negaron a comerciar con él o a pagarle los impuestos que establecía. En 1459 hizo que 30.000 colonos sajones y oficiales fueran empalados. Con ello iniciaría su carrera de brutales masacres, entre las que se le atribuyen el exterminio de entre 40.000 y 100.000 personas entre 1456 y 1462, hechos detallados en documentos y grabados de la época, que pusieron de manifiesto su gusto por la sangre y el empalamiento, por lo que se le comenzó a llamar Țepeș, “empalador” en rumano.

A Vlad le gustaba organizar empalamientos multitudinarios con formas geométricas. La más común era una serie de anillos concéntricos de empalados alrededor de las ciudades que iban a atacar. La altitud de la estaca indicaba el rango que la víctima había tenido en vida. Con frecuencia, los dejaba pudriéndose durante meses. Un ejército turco que pretendía invadir Valaquia volvió atrás, aterrado, cuando encontró a varios miles de empalados descomponiéndose en lo alto de sus estacas, a ambas orillas del Danubio.

Vlad murió en 1476 durante una batalla contra la invasión de los turcos en diciembre de ese año. Las circunstancias de su muerte no son del todo claras, ya que existen por lo menos tres versiones relacionadas con dicho evento. Existe una versión que asegura que murió durante una batalla con infieles boyardos; otra versión señala que sus guardaespaldas lo mataron; finalmente, la versión más difundida defiende que durante la batalla, antes de ser capturado por los turcos, logró escapar de sus enemigos vistiéndose con el ropaje de un soldado turco caído y huyó en dirección a sus hombres. Sin embargo, ellos al verlo lo confundieron con el enemigo, por lo que lo decapitaron al instante y dejaron su cuerpo yaciendo en el campo.

La cabeza de Vlad o, más bien, su cuero cabelludo (el cutis y el cabello), embalsamado y lleno de algodón conforme a la tradición turca, fue dado a Mehmed II, rey del Imperio Otomano, quien lo expuso cual espantapájaros para que lo viera todo el mundo. Nadie sabe dónde se encuentra la tumba de Vlad III, pero según la tradición, debió ser enterrado en el monasterio Snagov, situado en una isla en medio del lago, a treinta y cinco kilómetros al norte de Bucarest.

Drácula, ¿tirano o vampiro?

Pero, ¿por qué el auténtico Conde Drácula se convirtió en el personaje por el cual es conocido ahora, un vampiro temible? La transformación se la debemos a la novela de Bram Stoker, Drácula. Bram Stoker fue un novelista y escritor irlandés que nació en 1847, y esta fue su novela más conocida. En realidad, Drácula está basada en un cuento del escritor irlandés Joseph Thomas Sheridan Le Fanu llamado Carmilla; que fue la primera novela cuyo tema principal fueron los vampiros. La historia tiene muchos rasgos del terror gótico, resalta el estereotipo popular del vampiro y la perplejidad de los personajes frente a los sucesos sobrenaturales, aumentándola hasta convertirse en éxtasis y terror a la vez. También se debe destacar que la sutil influencia del contenido erótico, que se relaciona con los vampiros, es de carácter lésbico. Sheridan Le Fanu tomó ese tema, un tabú para la época, pero supo cómo plantearlo de tal forma que el lector se fuera acercando a ello. Stoker decidió interpretar el cuento de Joseph Thomas Sheridan Le Fanu a su modo, pero ¿por qué eligió como protagonista a Vlad Tepes? 

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Notas personales sobre Dracula de Bram Stoker / Wikipedia Commons

Stoker comenzó a trabajar en su novela al principio de la primavera de 1890. En la idea inicial el héroe principal (Drácula) ya era el conde, aunque el nombre de Drácula no existía todavía y la acción de la novela no tenía lugar en Transilvania, sino en Styria (Austria). Sin embargo, en el verano del mismo año, cambió de idea. Stoker descansaba en la pequeña ciudad de Uitbi y pasaba todo su tiempo en la biblioteca municipal, donde leía constantemente los libros de historia y folclore de Transilvania; algunos de ellos hablaban sobre los gobernadores de la Moldavia y Valaquia. Muchos investigadores vinculan el cambio en la idea de la novela a un encuentro de Stoker con un científico-orientalista húngaro, el viajero y el etnógrafo territorial Ármin Vámbéry, que le habló de los distintos episodios de la historia de Valaquia.

Stoker no fue el primer escritor que hacía de un vampiro el héroe de su obra, pero la novela consiguió tener una influencia excepcional en la colocación y la popularización del “mito del vampiro”. La enorme cantidad de libros y películas dedicados a los vampiros en el siglo XX y XXI aparecieron gracias a la existencia de Drácula.

El Conde Drácula en el cine

El personaje del Conde Drácula ha aparecido frecuentemente  en el cine. Hoy por hoy, existen más de cien películas y series que están basadas en su historia; aunque para ser exactos, están basadas en la novela de Bram Stoker. Estas son las tres películas sobre el Conde Drácula más significativas e interesantes de la industria del cine.

  • Drácula. Director: Tod Browning. 1931. Conde Drácula – Bela Lugosi.
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Cartel de Drácula / www.kinopoisk.ru

Esta película tiene muy poco en común con la novela, aunque se llame igual. Enmarcada en una gran depresión económica, esta producción tuvo un presupuesto reducido, y el guión no estaba basado en la novela original de Bram Stoker, sino en una obra de  teatro de Hamilton Deane, que recibió el permiso de su mujer, Florens Stoker, para la adaptación de la novela. De todas maneras, Bela Lugosi ha sido uno de los actores que mejor han representado a Drácula con su genial actuación: su voz con un poco de acento rumano, su mirada fija, su sonrisa laica y al mismo tiempo espantada y su modo de moverse. 
En el 2000 la película de Tod Browning fue incluida en el National Film Registry de EE.UU. como una película con gran valor artístico.

  • Drácula. Director: Francis Ford Coppola 1992. Conde Drácula – Gary Oldman.

Algo que hace singular este film es que, durante la preproducción de la película, el director decidió que en presencia del vampiro las leyes de la física dejan de funcionar correctamente. Por eso, las sombras en la película funcionaron independientemente de quién o qué las arrojaba. Por ejemplo, las ratas corren patas arriba, y el líquido gotea hacia arriba.

Posteriormente, Francis Ford Coppola y Gary Oldman comentaron que habían creado el personaje de Drácula inspirándose en el personaje de Iván IV (Iván el Terrible) que fue creado por Nikolay Cherkasov de las películas clásicas del gran director Sergey Eizenshtein: “Iván el Terrible” (1944) e  “Iván el Terrible. El relato segundo: el complot de boyardos” (1945).

2. Drácula, un muerto muy contento y feliz. Director: Mel Brooks 1995. Conde Drácula – Leslie Nielsen.

Esta película es esencialmente distinta a las anteriores porque, como es habitual en las películas donde sale Leslie Nielsen, no es dramática. Algunas escenas parodian la obra de Tod Browning  (Drácula, 1992), por ejemplo, cuando la sombra de Drácula es demasiado independiente. En otras escenas, Leslie Nielsen pronuncia al pie de la letra el texto de Bela Lugosi, pero con otra entonación, creando una situación muy distinta.

¿Tirano o gran luchador?

Entonces, ¿quién era el Conde Vlad Drácula? ¿Era un héroe, un luchador en contra del expansionismo otomano o un tirano horroroso y famoso por sus castigos? El especialista en derecho medieval, Radu Konstantineshku, ha comparado las torturas de Drácula con las que eran previstas por el derecho sajón en Transilvania, en Europa central y en el sudoeste europeo a lo largo de la segunda mitad del siglo XV. Al estudiar el Codex Altenberger, Konstantineshku ha aclarado que los sajones de Transilvania antes de la creación de la legislación presente de Hungría usaban algunas fuentes: la colección del derecho alemán Der Schwabenspiegel, el derecho de Magdeburgo, el derecho de Iglau que también usaban en Serbia, y después en el Imperio Otomano, y también el derecho De Nuremberg.

Por eso, la conclusión es que Vlad III, al aplicar las torturas sajonas en Transilvania, no causaba ningún daño que no estuviera contemplado en sus propias leyes; algunas de estas torturas incluso eran vistas como un castigo de Dios. Otras, como el empalamiento, eran solamente la variante rumana y húngara de torturas orientales. Para Konstantineshku, las acciones de Vlad III eran el resultado de la reducción de los proyectos jurídicos de su tiempo y no eran, de ningún modo, las fantasías sangrientas del tirano.

Al final nos preguntamos, ¿era el Vlad III un tirano? Sí, sin lugar a dudas, pero también era un luchador patriótico. Sus torturas eran crueles y sangrientas, pero estaban basadas a los derechos y leyes de aquel entonces. En cada época han existido tiranos, y la pregunta que surge es ¿quizás es necesario para los países y pueblos tener en ciertas épocas a esos tiranos? Tenerlos para sobrevivir a los años más duros y difíciles, a los años de guerras y hambre, para conservar sus países, su cultura y su historia.

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