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Nápoles en peligro

Los napolitanos definen su ciudad como mozzafiato, es decir, que corta la respiración. La vista del golfo de Nápoles es tan bella, que los propios napolitanos, aun teniéndola todos los días, no dejan de sorprenderse con ella. Pero de todas las cosas maravillosas de este golfo, hay algo que lo distingue de los demás: el Vesubio.

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En la costa oeste de Italia, elevándose a 1281 metros de altura sobre la ciudad de Nápoles, se encuentra el monte Vesubio; un volcán activo que ha tenido 36 erupciones en los últimos dos mil años y es considerado el más peligroso del mundo. Es famoso por su explosión del 24 de agosto del año 79 d.C, en donde destruyó las conocidas ciudades de Pompeya y Herculano, además de todas aquellas localidades que se encontraban en un radio de 12 km alrededor del cráter, incluyendo Oplontis, Boscoreale y Stabia. Su última erupción ocurrió el 28 de marzo de 1944, y a partir de esta se plantearon los planes de evacuación, considerando únicamente las zonas cercanas al cráter, excluyendo la ciudad.

Los vulcanólogos siempre habían creído que la ciudad de Nápoles estaba a salvo del Vesubio, pensaban que incluso las erupciones más violentas apenas llegarían a las afueras; pero estudios recientes ponen de manifiesto el peligro que corre la ciudad napolitana. Al respecto, el documental Fierce Earth, realizado para la cadena televisiva inglesa BBC,  explica las razones que se tienen para creer que una erupción violenta podría tener lugar en un futuro próximo y arrasar con la ciudad de Nápoles.

Las pruebas

En su afán por resolver el misterio del volcán más peligroso del mundo, los científicos han hallado dos pruebas fundamentales: las piedras pómez en Pompeya que demuestran que el Vesubio puede originar erupciones explosivas que son las más devastadoras de todas y una capa gruesa de ceniza volcánica encontrada bajo la ciudad de Nápoles en el castillo Angioino que certifica que el Vesubio tiene fuerza suficiente para alcanzar la ciudad.

Una investigación realizada por Michael Sheridan doctor en vulcanología en la universidad de Búfalo, Estados Unidos en las entrañas del castillo de Maschio Angioino, en el corazón de Nápoles, revela el hallazgo de un depósito de acumulación de ceniza originaria de una erupción vesubiana del año de 1780 a.C. El depósito tiene un grosor de 1.20 metros, lo que supone que la ceniza viajó 16 km desde el volcán atravesando la bahía hasta llegar ahí. Este descubrimiento ha cambiado la visión que tenía la gente sobre su propia seguridad y deja obsoletos los programas de evacuación respectivos. La explosión de 1780 a.C es la más violenta conocida hasta ahora.

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Además del depósito encontrado en el castillo, otra prueba de la magnitud de aquella explosión son los acantilados de 1130 metros de altura: los Somma. Hace cuatro mil años una erupción colosal abrió el volcán, la roca fundida brotó por el cráter a tal velocidad que superaría la de un coche de Fórmula 1 actual y vació la reserva subterránea que los geólogos llaman cámara magmática. El proceso duró varias horas hasta que, literalmente, la tierra se tragó la cumbre: cuando la cámara magmática se vacía más allá de un punto crítico, la montaña entera se desploma sobre sí misma para rellenar el espacio interior. La erupción fue tan grande que acabó por completo con la montaña y derramó 19 mil millones de metros cúbicos de roca pulverizada por los alrededores; esta cantidad es suficiente como para cubrir la isla de Manhattan bajo una capa de 30 metros, lo que la convierte en la mayor explosión de la que se tiene registro.

Pompeya y Herculano

Sin embargo, la explosión del Vesubio que más pistas puede arrojar sobre el peligro, es la que arrasó Pompeya población romana que se encuentra a 11 km al sureste del volcán— e el año 79 d.C. Aquella erupción acabó con la vida de 25 mil personas un cuarto de la población y dejó la zona inhabitable durante los 300 años posteriores. Douglas Jerram, doctor en ciencias de la tierra de la Universidad de Durham, Reino Unido habla del material que enterró Pompeya:

Los restos volcánicos están compuestos de ceniza y de piedra pómez, una roca ligera y agujerada debido a las burbujas del magma. Es la única roca que puede flotar.  El magma en un volcán es como una botella de refresco cerrada, el gas estalla en forma de burbujas. La presencia de piedra pómez demuestra que el volcán originó espuma de magma, y eso sólo puede significar una cosa, la erupción estuvo ligada a una gran explosión que envió la espuma de magma y ceniza a una altura de 27 km hacia la atmósfera, el doble de altura al que vuelan los aviones”.

Sorprendentemente existe un testigo de la catástrofe de hace dos mil años: Plinio el viejo, que fue uno de los primeros vulcanólogos del mundo. Él describió la forma de la nube como algo similar a un pino piñonero que se expandió en el aire hoy se conoce como forma pliniana. El suceso fue letal para Pompeya, la piedra pómez y la ceniza cayeron en forma de lluvia gris, los restos volcánicos comenzaron a espesar el aire y la gente, que en un principio quedó sorprendida por la erupción, apenas podía respirar. Muchas de las víctimas de Pompeya murieron ahogadas por la fina ceniza. Una lluvia de cenizas similar sobre las atiborradas calles de Nápoles causaría a día de hoy la pérdida de millones de vidas.

Excavaciones en Herculano a 6 km al oeste del Vesubio, demuestran que sufrieron un final más aterrador que Pompeya. Herculano era una ciudad de vacaciones de diez mil habitantes. En 1981 se encontraron más de 300 restos humanos con huesos carbonizados en un cobertizo que en aquel entonces era utilizado como resguardo, pero que terminó convirtiéndose en su tumba. Para Jerram esos restos guardan respuestas y, mediante experimentos de la Universidad de Nápoles, pudieron determinar que la temperatura del aire ese día alcanzó los 480 °C, lo cual es más caliente que el aire que sale del motor de un avión.

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Además, aquella vez el Vesubio desenfundó otra arma mortífera: un flujo piroclástico que es una combinación dinámica de rocas, ceniza y gases calientes que avanzan a gran velocidad y con violencia por las laderas del volcán. Este flujo alcanza velocidades de hasta 725 km/hora, más rápido que el actual “tren bala” japonés, y temperaturas máximas de 1100 °C, que serían suficientes para fundir oro. Pero el flujo piroclástico no es el único peligro que supone el volcán, ya que iría acompañado de ríos de roca fundida que fluirían por las laderas de las montañas quemando y enterrando todo a su paso. Todo esto permite tener una visión de lo que podría suceder en Nápoles si se desencadenara una erupción explosiva.

En los últimos años

En el 2001, se sumó otra investigación a la lista de razones para preocuparse. Midieron la cámara magmática mediante tecnología de ondas sonoras potentes y encontraron que tiene 400 km cuadrados de superficie, lo equivalente a la mitad de la ciudad de Nueva York. No se sabe qué podría desencadenar la salida de la reserva de magma fundido, pero podría superar a la mayor erupción del Vesubio hasta la fecha. En el estallido de 1944 se formó una nube de ceniza de 8 km de altura, y flujos piroclásticos junto con ríos de rocas fundidas engulleron varias poblaciones italianas. El evento se cobró 34 vidas y miles de casas, pero no fue una erupción explosiva, lo cual se puede saber porque no dejó restos de piedra pómez.

La próxima erupción del Vesubio podría matar más personas que cualquier otro volcán de la historia, hay tres millones de vidas en peligro. El reto de los ecologistas es saber cuál podría ser el causante de la próxima erupción y evaluar las consecuencias de un peligro potencial tan grande. No se ha podido comprobar científicamente el origen de los estallidos, pero fuentes históricas cronológicas revelan que hay relación entre los terremotos, o acumulación de ellos, con las erupciones. Si esto fuera cierto, quiere decir que la próxima explosión del Monte Vesubio ya está en marcha; en el 2002 ocurrió un sismo a menos de 160 km y en el 2009 tuvo lugar uno de 6,6 grados de magnitud a 95 km al norte del volcán. Este volcán es el más monitoreado del mundo, está vigilado las 24 horas del día; todos los días se evalúan y entregan informes sobre la actividad del monte. De hecho el departamento de protección civil encargado, asegura que no hay razón para alarmarse y que el Vesubio es un volcán tranquilo. Además, las autoridades italianas han puesto en funcionamiento distintas iniciativas, entre ellas, un plan de evacuación pertinente.

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